LA CORRUPCIÓN EN COLOMBIA

LA CORRUPCIÓN EN COLOMBIA

Cuando el 16 de Marzo de 1781 en la ciudad de El Socorro, provincia de la Nueva Granada, ciudadanos cansados de las injusticias y la corrupción de sus gobernantes, reclamaron que se les tuviera en cuenta en la toma de decisiones de gobierno que los afectaban, se hallaron, sin saberlo, dando inicio no solo a las luchas por su independencia de España, sino a la conquista de un derecho fundamental dentro de la construcción de gobiernos eficientes y, por lo tanto, transparentes: La Participación Ciudadana

Con los gritos enfurecidos de “Viva el Rey… Muera el Mal Gobierno” los ciudadanos de aquella época consiguieron que por primera vez se les tuviera en cuenta para pactar unos acuerdos de gobierno que se conocieron como las Capitulaciones de Zipaquira. Fue el primer acto de participación ciudadana documentado en nuestra historia. Desgraciadamente también fue el primer acto de burla política a esa participación. Los acuerdos fueron firmados por las autoridades del gobierno de entonces sin la intención de cumplirlos, engañando así a los ciudadanos.

Años después, en los inicios de nuestra República, Simón Bolívar, presidente de la Gran Colombia, propuso al Congreso recién conformado, que se aprobara un reconocimiento económico para todos los soldados que habían participado en las luchas por la independencia, utilizando para su financiación los bienes y riquezas expropiados a los españoles. El Congreso lo aprobó, pero, en ausencia de Bolívar que se encontraba en la campaña del sur contra los españoles,  dio a los bienes expropiados otras destinaciones y ordenó que a los soldados se les entregaran a cambio bonos de gobierno negociables y pagaderos con intereses a varios años. Una vez extendidos y repartidos estos certificados, muchos congresistas y sus amigos ofrecieron a los soldados la compra de los mismos, pero pagando por ellos la quinta parte de su valor, con el fin de poder redimirlos en su vencimiento al ciento por ciento más los intereses.  Eran los primeros pasos en la oficialización de la corrupción de miembros de la clase política que supuestamente representaba los  intereses de los ciudadanos de la joven república.

El periodista Juan Gossaín, en columna del 28 de Diciembre de 2011 publicada en el periódico El Tiempo, denunciaba muy indignado y con ejemplos, la corrupción que nos asfixia diciendo que éste acto es “…un crimen de lesa humanidad, más horrendo que el de los parásitos financieros de Wall Street, que los fraudes electorales de Putin en Rusia, que las masacres de Gadafi en Libia, que las palizas del Ejército Sirio contra los manifestantes de Damasco.” Y Acotaba que aquí en Colombia “…..tierra del café más suave del mundo y de las esmeraldas más bonitas, nadie se indigna, nadie ocupa una plaza para expresar su protesta, nadie abre la boca. Nadie se estremece. ¿Es que aquí a nadie le duele nada? ¿Qué es lo que tenemos en las venas? ¿Chicha de maíz?”

Afirmaba Gossaín en su escrito que al buscar, lleno de rabia e indignación, una palabra para referirse apropiadamente a los autores de estos actos de corrupción, no la encontraba, pues todas le parecían pobres e insuficientes para señalarlos. Finalmente la halló en las páginas de Cervantes, cuando éste narra la historia de cómo unos truhanes asaltaron y molieron a palos a Don Quijote en una hostería, hasta el punto de que lo hicieron salir corriendo del lugar, pero en su huida, el anciano tembloroso por la indignación y la rabia ante tamaño ultraje, se volteó para gritar a sus agresores desde la ventana y con todas las fuerzas de su alma, haciendo eco con sus manos: ¡Hideputaaass!

Con el fin de evitar que la rabia de Gossaín nos contagie y que mañana sea el grito de Don Quijote el que se escuche furiosamente en las gargantas de nuestros ciudadanos, debemos tomar desde ahora medidas que permitan atacar de frente y con eficacia el flagelo de la corrupción. Una de estas medidas, muy efectiva por cierto, es impulsar y fortalecer la participación Ciudadana de forma interactiva, aprovechando las ventajas de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs). Las herramientas ofrecidas actualmente desde las Alcaldías deben mejorarse y cambiarse, pues  no están produciendo el resultado esperado y se debe avanzar hacia la interactuación ciudadana mediante la democracia en línea, que es una nueva forma de participación ciudadana generada por la evolución de las tecnologías de la información.

Debemos concientizar a nuestros ciudadanos y rescatar el grito con que se levantaron hace más de doscientos años nuestros antepasados: ¡Muera el mal gobierno!  Y vale la pena emprender esta lucha  si tomamos conciencia de una gran realidad que debe servir para despertarnos, como en aquel 16 de Marzo se despertaron nuestros bisabuelos: La corrupción en Colombia causa más daños y más víctimas que toda la guerrilla y los paramilitares juntos.